Fin de Sueño

Son las ocho de la mañana, Pancho con la fatiga reflejada en el rostro, se deja caer pesadamente en la silla de su mesa de trabajo: Frente de él un cartel que refleja la ideología de la empresa parece vigilarlo, “El retraso de un solo perturba el trabajo de todos”, dice el cartel.

Si supiera la empresa todo lo que tuve que hacer para llegar a tiempo mandaría ese letrero al carajo, el tránsito está imposible, más de una hora de viaje y no se diga la contaminación, meditaba. Mientras colocaba su vista sobre los tres monitores instalados sobre la mesa, en espera de recibir las primeras instrucciones. En pocos instantes, estuvo listo para iniciar su jornada. En forma automática colocó sus dedos sobre la consola alfanumérica y empezó a teclear las primeras instrucciones.

La negra pantalla del monitor principal respondió a las primeras señales con un ¡HOLA, BUENOS DIAS¡, ¿Cuáles son las actividades para este día?, interrogó al mismo tiempo la pantalla. Pancho inició las instrucciones ordenando a su Terminal que realizara la revisión del funcionamiento del equipo durante la noche, por lo cual, solicitó un listado de las alarmas para poder iniciar su labor; VOCI-DYLSM: 94-12-05,928,1648,CLMSJ-LISLU,SM-50;ENTER.

En la pantalla, casi de inmediato empezaron a aparecer, números, símbolos y zumbidos, indescifrables para cualquier otro trabajador. Dentro de la obscura pantalla pequeñas señales luminosas la recorren en una loca carrera que parece no tener fin, impidiéndole a Pancho mantener la vista fija sobre su monitor, acción que le permite distraerse un momento para activar los otros monitores que le han sido asignados a la sala de control. Uno de color azul para recibir telellamadas de sus supervisores, y otro de color verde para recibir teleinformación sindical.

En forma puntual –como siempre- a las 8.05 Pancho recibió la primera telellamada de su supervisor;

-¡Buenos días Pancho¡ ¿Cómo vamos?
-¡Buenos días¡ ¡Bien¡, acabo de solicitar un estado de las alarmas para poder iniciar la prueba de las líneas de abonado –respondió Pancho.
-¿Cuánto nos falta? ¿Tú crees que podamos entregar a tiempo? –preguntó el supervisor.
-Yo creo que sí, sólo nos falta probar tres mil números y como ya te dije, sólo terminan las alarmas, empezare a probar, contestó Pancho.
-¡Que bueno¡ -dijo el supervisor-, ¿Qué piensas hacer durante el tiempo que tarde la prueba?
-¡Lo que tu ordenes¡ -respondió Pancho.
-Mira, a las nueve de la mañana, va a dar inicio una teleconferencia sobre la familia del AT&T, sería bueno que la vieras, es muy interesante y aprenderías mucho –dijo el supervisor- claro, si no tienes otra cosa que hacer.

_Nos acaban de informar por el monitor sindical que a las once de la mañana, el delegado nos dará información sobre las negociaciones que se llevan con la empresa –respondió Pancho.
¡Muy bien¡ Que tengas un productivo día y te telellamo más tarde –dijo el supervisor despidiéndose. Una teleconferencia es mejor que aquellos aburridos y tediosos cursos que nos daban antes, donde el instructor le interesaba más la asistencia y la puntualidad que enseñarnos algo. Además. Lo peor era que el instructor sabía tan poco como nosotros pensó Pancho.

La pantalla no reportó ningún error, por lo que dio principio su trabajo. Casi en forma automática colocó –otra vez- sus dedos sobre las teclas de su consola alfanumérica y envió las nuevas instrucciones:
CBD-SBLDN:-SEL-(NT-7990000&&7592999),PROY-CALLCOUNTER:TTYM 12;ENTER.

La prueba dio inicio apareciendo en la pantalla los resultados de cada línea de abonado. Pancho se sentó comodamente, dispuesto a sacarle el mayor provecho a la teleconferencia, sólo el monótono zumbido del aire acondicionado y el correr de números y símbolos en la negra pantalla de su monitor, lo acompañaban.

A las once de la mañana estuvo listo para la telereunión sindical. Empresa y Sindicato habían acordado la instalación de este servicio con la finalidad de que los trabajadores estuvieran debidamente informados sobre los acuerdos que les afectaban su vida laboral, además de que no tuvieran que recorrer grandes distancias, al trasladarse de su lugar de trabajo hasta donde se realizaban los antiguos mítines de información.

Esta vez –en forma también puntual-, los delegados se dispusieron a dar inicio a la telereunión.

-¡Buenos días compañeros¡ -dijeron los delegados-, los hemos convocado a esta telereunión para informarles sobre los acuerdos a que hemos llegado con la empresa, respecto a la inconformidad que han presentado un buen número de compañeros que trabajan frente a las telepantallas. Los compañeros han informado a la representación sindical que actualmente el desarrollo de los medios audiovisuales se ha manifestado en el uso intensivo del tacto y de la vista, por lo que, los restantes sentidos como son el oído, el gusto y el olfato se han visto disminuidos.

La empresa y el sindicato velando –como siempre- de los intereses de sus trabajadores, han acordado iniciar de inmediato un programa de actividades, donde los sentidos que se han visto afectados por la nueva tecnología, comienzen a recuperarse; por lo que muy pronto, ustedes podrán ver a través de sus monitores, programas de música, documentales que desarrollen o tengan imágenes donde se estimule la recuperación de los sentidos del gusto, el oído y el olfato.

También hemos acordado, que a través de las telepantallas todos los trabajadores podremos observar al finalizar cada semana, los resultados del avance de la productividad con la intención de que todos estemos concientes de nuestra participación en el programa de productividad, recuerden que para la empresa “CADA MINUTO QUE NO ES PRODUCTIVO, ES UN MINUTO PERDIDO”.

Pancho, al termino de la telereunión sindical, para distraerse, meditó y lryó una novela en la telepantalla de la sala de control, en cuya superficie aparecían los textos que luego se borraban.
Pancho llevaba consigo un estuche con varios discos compactos, cada uno de los cuales contenía un libro, a los que había pensado dedicarles una hora a cada uno, mientras no tuviera trabajo y, que la teleconferencia y la telereunión sindical le habían impedido realizar.

Una nueva telellamada interrumpió su lectura, su supervisor –otra vez puntual- le preguntó sobre el avance de la prueba de las tres mil líneas de abonado.
-Espera un momento –dijo Pancho-, tengo que realizar una verificación.

Trabajó con rápidez y en silencio durante varios minutos. Con sorpresa se dio cuenta que la prueba se había realizado sin error, hasta los “terceros” se han vuelto eficientes –pensó Pancho-, Ingeniero estoy sorprendido, las alarmas no reportaron fallas, lo que significa que el equipo funcionó muy bien durante la noche. Además, la prueba de las líneas de abonado no reportó error, lo cual quiere decir que los contratistas realizaron un trabajo eficiente.

-¡Me parece excelente Pancho¡ -dijo el supervisor- te felicito por el magnífico trabajo que has realizado, por eso me es más grato aún, avisarte que la dirección de la empresa nos acaba de informar que las metas proyectadas para éste periodo las hemos alcanzado, por lo que además del incentivo de productividad pactado con el sindicato, la empresa nos ha otorgado cinco días más de vacaciones con los gastos pagados.

Pancho se acomodó satisfecho en su silla, pensó en que ocuparía esos cinco días más de vacaciones, tantos proyectos que no había podido realizar. Sólo una sombra obscureció su felicidad, la hora de salida se acercaba, nada más con pensar en el regreso a su casa y enfrentar de nueva cuenta el tránsito y la contaminación lo entristeció. El sueño había terminado.