Estalló el Descontento

Francisco Hernández Juárez:

A LOS 26 AÑOS, LIDER DEMOCRATICO DE 22,000 TELEFONISTAS.

 

Por Francisco Ortiz Pincehtti.

 

Revista de Revistas, 1a quincena de junio de 1976.

 

Nuevo dirigente del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana habla a r/r sobre los antecedentes, desarrollo y perspectivas del sorprendente movimiento de insurgencia que derrotó arrolladoramente a Salustio Salgado y llevó a Hernández Juárez a encabezar una de las más importantes agrupaciones de trabajadores. “Hemos dado una lucha abierta contra el charrismo –proclama-, y la seguiremos dando”.

 

Salustio Salgado Guzmán es un hombre maduro, cincuentón casi con muchos años de experiencia en las lides sindicales, cuando un preparatoriano de apenas 17 años de edad, Francisco Hernández Juárez ingresó a trabajar a Teléfonos de México. Aquel ocupaba en ese entonces la Secretaria del Interior y se perfilaba como futuro dirigente máximo de uno de los más importantes sindicatos de industria del país.

En 1970, en efecto, Salgado Guzmán alcanzó la Secretaria General del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana, organismo controlado prácticamente desde su nacimiento, en 1950, por un grupo reducido de líderes.

Durante su gestión de cuatro años al frente del STRM, Salustio promovió reformas los estatutos para hacer posible la reelección de los dirigentes. Así, en 1974, inició su segundo periodo consecutivo. Mientras, su fuerza política parecía fortalecerse más y más, al grado de que en febrero pasado el PRI lo postulo como su candidato a diputado federal por el VI distrito de Guerrero, su estado natal.

Hoy, sin embargo, su lujosos despacho en el edificio sindical de Villalongín número 50 es ocupado por un chamaco de complexión delgada, habla quedo y llano, que viste ropa de mezclilla y cuya hirsuta y descuidada barba disimula, pero no logra ocultar su juventud, es aquel Francisco Hernández Juárez que ahora tiene 26 años de edad.

Este “Pancho López” del sindicalismo mexicano, que ha sorprendido a los viejos lobos del movimiento obrero organizado, llegó ahí por la determinación de cerca de 20.000 trabajadores telefonistas que repudiaron y echaron a Salustio mediante un movimiento que hará historia.

-Hemos dado una lucha abierta contra el charrismo. Y la vamos a seguir dando- dice Hernández Juárez, visiblemente incomodo en la amplitud del sillón de alto respaldo y forro de piel negra en el que hasta hace poco se arrellenaba Salustio Salgado.

 

ESTALLO EL DESCONTENTO.

 

La historia objetiva de este caso insólito se inició a principios de abril pasado al aproximarse la revisión del contrato colectivo de trabajo entre el STRM y la empresa Teléfonos de México. Ya antes del inicio de las pláticas la inquietud de los trabajadores por lograr esta vez un aumento salarial mayor -se habían obtenido incrementos entre 10 y 12 por ciento en anteriores ocasiones- se había manifestado a través de millares de volantes editados por el personal de diversos departamentos.

En un principio esas comunicaciones eran de tácito apoyo al comité ejecutivo encabezado por Salustio pero pronto se tornaron en agresivas presiones. Y en advertencia de que esta vez no se toleraría un acuerdo a espalda de los trabajadores.

En este clima, el lunes 19 de abril se iniciaron las negociaciones. El martes el “volanteo” dio paso a la comunicación telefónica. La inquietud crecía. Y el miércoles por la tarde, citados telefónicamente, se reunieron en el sindicato unos 500 trabajadores que pidieron a Salgado Guzmán información acerca de las pláticas. En tono despótico, el líder les dijo que no había nada importante todavía puesto que apenas se habían revisado unas diez o doce cláusulas administrativas, faltando un número considerable de estas, y sobre la cuestión económica no se había hablado siquiera.

La gente reiteró su advertencia, ningún acuerdo inferior al 35 por ciento de aumento sin consultar a la base.

El jueves 22 a las 12 del día, el auditorio, los pasillos del sindicato estaban colmados, Salustio llegó con el contrato firmado, aumento del 15 por ciento únicamente. Y ahí estallo el descontento. La noticia corrió por el hilo telefónico y provocó creciente indignación. Entonces una multitud reunida fuera del edificio desinfló los neumáticos de los autobuses en que ya se retiraban los delegados a la contratación incondicionales de Salustio y bloquearon la calle.

Las operadoras de la central Victoria fueron las primeras en actuar drásticamente. La actitud grosera de sus delegadas las había acabado de colmar. A eso de las 8 de la noche ya no se contestaba en el 02 y las muchachas se dedicaron a pedir apoyo a las secciones foráneas. Pararon también paulatinamente los servicio del 01, 04, 05, 07 y 09.

Mientras tanto en el Sindicato unos 100 trabajadores inconformes fueron invitados por la policía a desalojar la calle. Entraron al local y decidieron, en un acto de solidaridad con las operadoras tomar el edificio. Esa misma noche diversas comisiones formadas ahí salieron a los distintos centros de trabajo a solicitar a los telefonistas la suspensión de labores en apoyo al paro de las operadoras.

-Toda la gente respondió- recuerda Hernández Juárez.

En efecto, El viernes a las nueve de la mañana el paro había cundido y el sindicato bullía de trabajadores. Una comisión fue a la Secretaría del Trabajo, pero fue rechazada. El Titular del ramo dijo que el paro era ilegal –de eso estaban conscientes los paristas- y que solo si regresaban a trabajar podían a las autoridades dialogar con ellos.

Esto fue rechazado por los trabajadores, reunidos ya en asamblea permanente. Se acordó seguir la suspensión de labores. El viernes por la noche los dirigentes de los paristas –entre ellos Hernández Juárez- fueron llamados a la Secretaría de Gobernación para que explicaran exactamente los motivos y peticiones de su movimiento. Se entrevistaron con el subsecretario  Fernando Gutiérrez Barrios. Le explicaron que era imposible que volvieran al trabajo, ya que obviamente el comité ejecutivo emprendería una “cacería de brujas” contra los dirigentes paristas “como han hecho para aplastar otros movimientos anteriores”.

-Ya no era un movimiento meramente económico por el contrato colectivo- señala el joven dirigente rebelde. Ya era un movimiento eminentemente político para derrocar a ese señor, a Salustio.

Mientras tanto, los dirigentes del Congreso del Trabajo se reunían urgentemente  y Fidel Velásquez declaraba que el descontento en el sindicato de telefonistas “obedece a motivos de orden político que han estado siendo cultivados por personas extrañas con el deliberado propósito de distorsionar el sistema sindical mexicano”. E hizo una advertencia “tenemos que poner un hasta aquí a las arbitrariedades de quienes han llegado hasta secuestrar dirigentes”, refiriéndose al supuesto plagio de algunos miembros del comité ejecutivo del STRM por parte de los paristas, lo que resultó falso.

Por otra parte, las autoridades hacían pública la posibilidad de una intervención de personal especializado en varias dependencias para sustituir a los paristas y reanudar los servicios interrumpidos, cuya amplitud iba en aumento en todo el país. Abarcaba ya a 39 ciudades.

 

UN TRIUNFO APLASTANTE.

 

La asamblea de trabajadores, constituida legalmente con la representación de un 80 por ciento de las secciones del STRM eligió el sábado 24 a los miembros del Comité Democrático. Entonces apareció el nombre de Francisco Hernández Juárez como cabeza formal del movimiento. Esa misma noche se iniciaron las pláticas entre las autoridades, los paristas y el Comité Ejecutivo de Salustio Salgado. La discusión se prolongó por más de 12 horas. A las seis de la mañana del domingo se llegó por fin al acuerdo de celebrar un referéndum entre todos los trabajadores telefonistas para decidir entre tres opciones, apoyar al Comité Ejecutivo, elegir a Hernández Juárez como Secretario General interino, o efectuar nuevas elecciones sindicales

Dicho referéndum se efectuaría a partir del 11 de mayo. En el inter, los miembros y simpatizantes del Comité Democrático desplegaron una actividad intensa. Reunieron cerca de 500.000 pesos con aportaciones de los propios trabajadores y pudieron así desplazarse al interior del país y editar impresos, propaganda.

Por su parte Salustio Salgado, tal vez incrédulo de que su hegemonía podía acabar, decidió esperar pacientemente. Anuncio que no haría ninguna campaña en busca del voto “porque eso no era necesario”.

La lucha librada por él y sus compañeros para obtener la revisión del convenio de su departamento, acarreó para Hernández Juárez la simpatía y popularidad de los trabajadores. Y al suscitarse el conflicto intersindical, lo escogieron para encabezar el movimiento.

En cambio, abrió la boca con sorpresa. Sus declaraciones hicieron que la animadversión en su contra aumentara. Estas son algunas de sus frases “Soy charro y estoy feliz de ser charro”. “Yo que vi a mis operadoras llorando de agradecimiento, ya mero besándome los pies, no las puedo concebir protestando y votar en mi contra”. “Atrás de todo esto está Galván, la famosa izquierda de Galván siempre ha tenido el ojo encima de los telefonistas”. “Antes de ser Salustio Salgado soy mexicano y trabajador de Teléfonos de México”.

Y el día del recuento llego. No hubo lugar a duda la victoria de Hernández Juárez fue arrolladora. En números redondos, unos 17.000 trabajadores votaron por él, apenas 2.000 lo hicieron en apoyo del viejo líder. Las autoridades laborales que vigilaron el proceso entregaron a los ganadores el registro oficial el pasado 28 de mayo.

Ahora, el líder electo tan contundentemente por sus compañeros  sentencia.

-Para ellos fue definitivamente el fin, porque esto ya es irreversible. Nosotros apenas empezamos.

Su triunfo desconcertó no solo a Salustio y a los grandes jerarcas del Congreso del Trabajo –al cual pertenece el STRM- sino también a las autoridades e inclusive a los líderes del sindicalismo independiente que, a pesar de su lucha denodada, no han conseguido nada semejante.

 

ANTECEDENTES DE LUCHA.

 

Pero. ¿Quién es este nuevo dirigente surgido aparentemente de la nada y colocado al frente de 22.000 trabajadores?

Francisco Hernández Juárez nació en la Ciudad de México el mismo año en que con la fusión en Teléfonos de México S.A. de las antiguas empresa ”Ericsson” y “Mexicana” surgió el STRM 1950. Hijo de una familia modesta, ingreso a TM en 1967. A los 22 años de edad casó con Guadalupe Castro. Tienen dos hijos: Claudia, de cuatro años y Francisco Noé, de ocho meses de edad.

Estudio hasta el octavo semestre de ingeniería en el IPN. En Teléfonos de México tiene plaza como técnico de primera con un sueldo de 1400 pesos semanales. Está adscrito al departamento de Centrales manutención y su labor consiste en dar mantenimiento a los equipos automáticos de la empresa.

Dice que su formación política la adquirió en la escuela al participar en un grupo cultural “dedicado al estudio e interpretación de la realidad política del país. Y después en la lucha sindical misma”.

Porque cuando la asamblea lo eligió para encabezar al Comité Democrático no era precisamente un desconocido para la mayoría de los reunidos. Él y otros compañeros suyos habían librado antes una larga lucha que los llevó a un enfrentamiento sordo con el Comité Ejecutivo del STRM, les hizo ganar amplia popularidad entre las bases y les permitió entrar en contacto con trabajadores de muchos puntos del país.

El mismo Hernández Juárez explica que esa actividad tuvo como motivo la revisión del convenio de su departamento (además del contrato colectivo que abarca a todos los trabajadores, existen convenios específicos de cada departamento con la empresa). Primero para lograr dicha revisión –tres años de esfuerzos- y luego para discutirla –un año más- los representantes de los 600 trabajadores de Centrales Manutención se foguearon en la acción sindical.

-Nuestro primer obstáculo era el propio sindicato, el Comité Ejecutivo de Salustio Salgado. Este rechazaba sistemáticamente nuestras peticiones. Tuvimos que saltárnoslo, discutir directamente con la empresa y estábamos dispuestos a irnos a un arbitraje. Así obligamos al sindicato a tomar acciones que él por su cuenta nunca hubiera emprendido. Y  logramos un convenio aceptable, que firmamos el 4 de diciembre pasado.

El joven líder considera que esa lucha “creó cierto estado de ánimo entre los trabajadores. Fue un gran precedente, que hizo ver a la gente el verdadero rostro de los charros y que planteó en los diversos departamentos la necesidad de conseguir verdaderas reivindicaciones en caso de cómo actuar, como lo hicimos nosotros, con determinación”.

Hernández Juárez reflexiona un momento. Luego abunda.

-Lo que paso en nuestro departamento fue un síntoma, les dio la pauta a los demás, porque en todos los departamentos había un gran descontento por el descuido en que se tenían las inquietudes y demandas de los trabajadores. Y en el momento que se hizo el llamado de las operadoras para suspender las labores, todo el mundo jaló, porque ya estaban motivados en algún grado y porque en alguna forma todos habían sido afectados por Salustio.

 

“LA ASAMBLEA DECIDIRA”.

 

Hernández Juárez charla con rr en la oficina que le cedió Salustio Salgado Guzmán, muros forrados de madera, alfombra ocre, sillas de piel, un moderno escritorio sobre el cual hay un televisor, dos conmutadores, interfonos y otros aparatos (Salustio tenía instalado un circuito cerrado de TV que le permitía observar a quienes se encontraban en la sala de espera), tras el escritorio, a espaldas del líder, una fotografía del Presidente Echeverría flanqueada por pinturas de Juárez e Hidalgo.

El nuevo dirigente se ve extraño en ese ambiente. Lo supone uno demasiado tierno, demasiado frágil para ocupar ese sitio. Y si lo compara uno con los “tiburones” del sindicalismo oficial, semeja acaso una sardina. ¿Lo es?

Hernández Juárez confiesa que se siente raro en esa oficina. “Queremos hacer esto más real, más funcional. Esto es realmente humillante para los trabajadores”, dice, pero explica que no tienen dinero por el momento para hacer esos cambios. “Nos dejaron limpios”, acusa.

Se le pregunta si en su opinión, además de los antecedentes ya señalados tuvo en la insólita actitud de los telefonistas alguna influencia el movimiento sindical independiente.

-Creo que sí- adelanta. Influencia directa en cuanto que a ellos hayan intervenido, no, en absoluto, pero creo que evidentemente los objetivos y los principios de lucha del sindicalismo independiente influyeron en el ánimo de algunos compañeros.

-¿Se sitúan ustedes en esa línea sindical independiente?

-Nosotros buscamos un sindicalismo democrático independiente. No precisamente, todavía no podemos definirlo hasta que nuestra convención nacional lo decida en julio próximo, en contacto directo con los sindicatos independientes.

-¿Esto significaría abandonar el Congreso del Trabajo?

-Posiblemente. La convención puede decidir eso. Lo que puedo asegurar es que hay mucho resentimiento entre los trabajadores porque el Congreso del Trabajo ha sido actor fundamental en la derrota de luchas anteriores más o menos parecidas a éstas. Y porque al principio de nuestro movimiento la actitud de Fidel Velázquez y otros miembros del Congreso fue la de condenar, sin hacer ningún análisis previo, nuestra lucha y de apoyar a Salustio Salgado.

Se le insiste sobre una denominación de la líneas a seguir. Rechaza otra vez “Nosotros estamos en la postura de no decidir nada y llevar esas cuestiones a la asamblea nacional”.

 

“BASTION DEL MOVIMIENTO OBRERO”.

 

Cuando se le inquiere sobre si él y los demás integrantes del nuevo Comité Ejecutivo consideran que existe ya la madurez necesaria entre los telefonista para tomar una decisión válida, Hernández Juárez repone (sic).

-Por ahora, lo que me parece el paso fundamental a seguir es precisamente la organización que permita a este sindicato convertirse en un verdadero bastión del movimiento obrero. A partir de ahí podemos pensar el siguiente paso. Entonces el problema ahorita no es discutir si nos salimos o no del Congreso del Trabajo, el problema es discutir cuando nos salimos de él, si esto fuera lo más conveniente para el movimiento obrero.

“Claro que no podemos olvidar que en la misma forma que Salustio tenía apagadas las inquietudes de los compañeros a base de terror, amenazas y represión, en el Congreso del Trabajo hay fuerzas importantes de la misma naturaleza. Nosotros queremos contribuir a que el desarrollo del movimiento obrero sea a partir de la base que la representatividad de sus dirigentes sea auténtica y expresada por los trabajadores a través del voto directo y secreto.

“Esos son nuestros objetivos –enfatiza-: la democracia sindicales. La lucha porque a través de alianzas ya no con la burocracia sindical, sino con la base social, los trabajadores determinen las directrices generales inclusive del país”

Desde que ellos asumieron la dirección del STRM han promovido la realización de asambleas departamentales para conocer las necesidades concretas de cada centro de trabajo. Todas las tardes se viene efectuando una de esas asambleas, sábados y domingos hay dos y hasta  reuniones de todo tipo.

-¿Qué otras acciones han emprendido? –se pregunta.

-Por principio de cuentas queremos limpiar definitivamente todos los  vicios que aquí estaban ya muy arraigados. La propia estructura mental del telefonista, conformado por años y años de no permitirle participación alguna en su sindicato, es algo que tenemos que cambiar. Y terminar definitivamente con esa mafia que durante 26 años mangoneó a su antojo el sindicato y que de alguna manera está actuando; lucha por dividir nuestro movimiento volver a montarse a caballo al frente del sindicato.

“Todas esas lacras tenemos que erradicarlas definitivamente, debemos organizar y formar los nuevos cuadros sindicales con la gente más capaz. A partir de ahí podría darse  el siguiente paso. Nuestra preocupación fundamental es la organización””.

-¿Cuál sería ese “siguiente paso”?

-Pues ya podría entonces si discutirse la opción política, de acuerdo a nuestros estatutos, los cuales señalan nuestros principios fundamentales y son plenamente válidos.

“El STRM –lee Hernández Juárez en la última edición de los estatutos hecha en 1964- reconoce como principios que basan su organización, la lucha de clases como móvil del proceso histórico, la liberación económica, política y cultural de la clase trabajadora, la lucha organizada y sistemática por eliminar los obstáculos que se opongan al progreso de los trabajadores, la democracia y la autonomía sindical…”

“Agrega que hay un inciso más pero que ese tendrá que ser eliminado por la asamblea. Lo lee “La intervención del sindicato como organismo en las luchas electorales para designar funcionarios de elección popular del poder público (al efecto –sic- se faculta al Comité Ejecutivo Nacional y al Nacional de Vigilancia, para hacer los tramites respectivos a fin de que el sindicato ingrese al Partido Revolucionario Institucional en la inteligencia que ello no implica que se usen los fondos sindicales en actividades político- electorales”. Por cierto, denuncia Hernández Juárez, Salustio hacia uso de esos fondos para la campaña de candidato a diputado federal.

 

“AQUÍ NO HUBO INFILTRACIONES”.

 

-Ustedes han denunciado un desfalco- se le recuerda.

– Me parece que esa fue una declaración apresurada. La verdad es que se está efectuando una auditoria y hasta que no tengamos los resultados no podemos afirmar algo definitivo. Lo que si es cierto es  que después de la votación, el 17 de mayo. Salustio retiro medio millón de pesos de la cuenta del sindicato en el Banco Comercial Mexicano. Pero tenemos que esperar.

Indica que el STRM tiene ingresos aproximados de 1 800 000 pesos mensuales por concepto de cuotas sindicales y que el comité derrocado dejo 2 000. 000 de pesos además de otra cantidad igual que correspondiente a cuotas retenidas por el mes en que se suscitó el conflicto. O sea, un haber de 4 000. 000 de pesos “pero con un déficit bastante superior”.

Luego habla de los adjetivos que les fueron endilgados por los líderes charros al principio de su movimiento…”comunistas”…”terroristas”…”miembros de la 23 de septiembre”. Ríe y rechaza eso sí muy en serio, las acusaciones de que “atrás de todo estaba Rafael Galván y la Tendencia Democrática del SUTERM”.

Precisamente, dice, a diferencia de otras luchas sindicales independientes, la suya triunfo porque en el movimiento no hubo infiltraciones de ninguna clase. “Ante eso las autoridades entendieron que esto no era manejado, sino un auténtico descontento de base”. Y pondera la actitud que después asumieron las autoridades laborales de pleno respeto a la voluntad popular. “Tengo que reconocerlo”, dice.

Una y otra vez rechaza tener nexo o relación con otros sindicatos o movimientos insurgentes y escapa cuando se le pide autodefinición política.

-Lo que a mí me preocupa fundamentalmente es un cambio, un cambio en que la participación las clases tradicionalmente marginadas  real y en ascenso. Eso implica el reconocimiento objetivo de la realidad, el interpretarla y el atacarla en un nivel de prioridades. No podría dar una definición política porque no me  gusta encerrarme en un cartabón.

– ¿Se considera un revolucionario?

-No. Definitivamente creo que esa es una palabra que implica una concepción mucho más amplia. Si lucho por esas transformaciones y creo que en la medida en que las logremos podemos considerarnos revolucionarios. Pero no solo de palabra de hecho. Y a mí sinceramente creo que me falta todavía mucho.

Habla luego de los grandes problemas, desempleo, educación, desconcientización, enajenación. “El país no tiene un proyecto político, un proyecto nacional”, resume.

Vuelve a hablar del STRM para reconocer que en un principio la lucha que se dio fue fundamentalmente económica, movida por el detonador del aumento salarial, pero dice que las condiciones enfrentadas le hicieron dar un vuelco y convertirse en una opción política. Pero el camino es  difícil, dice, tan solo por las agudas diferencias de las capas sociales que subsisten en el mismo sindicato, unos están muy bien, otros tienen graves carencias.

-En síntesis-  .agrega-, creo que la gente lucho esta vez por liberarse de un yugo los dirigentes charros,  déspotas. Ahora no vamos a emprender una acción suicida. Primero hay que consolidarnos y luego lanzarnos a otras metas, pero  seguros, serenos.

-¿Se considera capaz- es la última  pregunta al líder de 26 años de edad- de encabezar un sindicato tan importante como este, de sortear los  embates del enemigo,  que seguramente ya prepara la revancha.

Lo piensa un momento, pero no titubea en su respuesta.

-Creo en la posibilidad de intentar cambios importantes dentro del sindicato. Y también hacia fuera. Cuando menos me siento capaz de intentarlo

 

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