Las memorias del Pelón

“Lo que pasa que la banda esta…”

Ingrese a trabajar a Teléfonos de México en 1966, cuando me faltaban pocos meses para cumplir 16 años. Entre en el Departamento de Centrales Construcción con la categoría de Ayudante de 4ª, después de haber aprobado el examen de ingreso que consistía en aritmética y ortografía y, del examen médico, con un sueldo de 30.20 pesos diarios, que después de tres meses se tradujo en 42 pesos, por lo que en ese momento recibíamos los “nuevos”, casi la cantidad de trecientos pesos semanales, en aquellos días estaba de moda la canción de “La banda borracha” cantada por Miky Laure.

En febrero de 1966, ingresamos a Centrales Construcción 120 compañeros, quienes fuimos repartidos en diversas Centrales y con diferentes jefes, a mí me toco en la Central Peralvillo y mi jefe fue el “compa” Carrillo, y Ricardo Gonzáles su jefe, cuyo jefe a su vez era el Ing. Samuelson.

Yo no sabía que existía el sindicato, me entere de ello cuando el jefe de personal Lic. Casillas me mando a obtener la tarjeta de sindicalizado para que pudiera entrar a trabajar, ahí conocí a Salustio Salgado Guzmán que en aquel entonces era el secretario de Trabajo del STRM.

Después de aprobado el examen, se me citó con el “Señor Montenegro” a las siete de la mañana para indicarme a que oficina debía presentarme para que me asignaran mi lugar de trabajo, sin más preámbulo la compañera secretaria de la oficina me indicó que había sido asignado a la central Peralvillo y que debía presentarme con el Sr. González.

Cuando me informaron que iba a entrar a Construcción me imagine que mi trabajo sería de albañil, pero mi sorpresa fue que íbamos a instalar centrales telefónicas automáticas del tipo AGF 122, donde tendríamos que hacer labores de albañil, carpintero, electricista, pintor, mecánico, es decir, de todo y sin capacitación.

En la central Peralvillo conocí a buenos compañero, lamento no recordar sus nombres, pero casi todos nos llamábamos por apodos, así yo era “el Pelón”, “el Chiras”, “el Vale”, “el Grillo”, “el Osito”, “el Pata”, “el Tobi”, “Memo”, “Pepito”, “el Pedotes”, “el Nazi”, “el Chato”, “el Perro”, “el Ratón”, “la Zorra”, “la Muñeca”, “el Gagarin”, “el Camarada”, “el Cabecilla”, “la Rosita”, etc., eso sí, todos estos apodos eran ganados a pulso, y así muchos otros más.

Apenas nos presentamos, nos asignaron a un compañero para que nos enseñara e indicara cual era el trabajo que íbamos a realizar, en aquella época los únicos que tenían capacitación eran los compañeros de Centrales Mantenimiento y no todos, nuestra primera tarea fue “meter” los cables que irían del equipo de conmutación al distribuidor general o “cross”, como le decíamos, después, al MK (múltiples) y los LR (relevadores de línea), después teníamos que cocer y planchar los cables, para ello nos entregaban un rollo de cáñamo, un mazo de madera y una aguja, que nosotros teníamos que hacer con varillas de múltiple.

Estando en esta actividad sufrí un accidente, ya que al estar “cociendo” los cables, el cáñamo se reventó, golpeándome el codo con un bloque de vidrio que estaba roto, no me di cuenta y se armó el escándalo, ya que los compañeros que estaban a bajo de mí, empezaron a recibir, decían, “chorros” de sangre sobre sus cabezas, los acomedidos rápidamente me llevaron a urgencias de la Clínica 11 del Seguro Social, donde me atendieron los médicos, pero al regresar los jefes me advirtieron que por esta situación me podrían “correr”.

Al regresar de la incapacidad y con el temor a ser despedido, continúe realizando la labor de meter y “cocer” cables, que los compañeros nos advertían no hacerlo muy apretadamente, pues “los veintes no pasarían”. Mientras unos hacíamos esto, otros compañeros se encargaban de instalar los bastidores en filas, que eran de fierro colado y que llegaban de Suecia, encima de ellos iban las canales para colocar los cables y, otros ajustaban los selectores que eran giratorios en el “patrón”, o instalaban los motores para que funcionara el equipo telefónico.

Ya terminada y dominada esta actividad, se nos asignaba con otro compañero para que nos instruyera para conectar los “jack´s” de los bastidores de SOK, LV, GV, MK, LR, registros, contadores, etc., pero primero teníamos que aprehendernos el código de colores, para saber dónde iban a ir conectados los miles de alambres multicolores que salían de los cables, esto bajo la supervisión del jefe y del ing.

Recuerdo una anécdota que nos hacía reír mucho a todos, el “Chiras”, cuando se dirigía al ing. Samuelson, un sueco de casi dos metros de estatura y güero, le decía ing. “mamerson” y el ing. muy serio respondía “¡o no, mamerson no, Samuelson!”, y todos nos atacábamos de la risa y él no sabía porque nos reíamos.

En aquella época no se nos proporcionaba ropa de trabajo ni herramientas, menos capacitación, por lo que en cuanto a la ropa, por recomendación de algunos compañeros, era que lleváramos ropa que ya no usáramos, porque como a los cables les ponían aceite para que corrieran más fácilmente, bajábamos de las canales como carboneros. En cuanto a la herramienta, la teníamos que pedir al encargado y si la perdíamos o rompíamos como era el caso de las brocas o machuelos los teníamos que pagar, en cuanto a la capacitación, esta quedaba a criterio de cada uno de nosotros, pues nos decían que el que quisiera progresar, tenía que estudiar por su cuenta. Pero nosotros preferíamos irnos a jugar futbol.

La mayoría de los nuevos llevábamos nuestra comida, que principalmente eran “tortas”, pero como no teníamos lockers o lugares donde guardarlas, cuando se llegaba la hora de la comida, nos encontrábamos con la sorpresa de que nuestras “tortas” ya no estaban, solo las risas de nuestros “viejos” compañeros denunciaban que había pasado con ellas, por lo que teníamos que recurrir a un viejo ferrocarrilero despedido en el movimiento de 1958, quien junto con su esposa nos fiaba las “tortas”, que teníamos que pagar el día de pago.

Una de las tradiciones más arraigadas entre los telefonistas era la del pago del “derecho de piso”, es decir, que todos los trabajadores nuevos cuando recibíamos nuestro primer sueldo teníamos que “invitar”   la comida y, así lo hicimos.

Después de cuatro semanas de trabajo recibimos nuestro primer sueldo, recuerdo que nos pagaban los jueves, ese día esperábamos con ansia el timbrazo que anunciaba la llegada de “Nuestra Señora de las Águilas” como le decían nuestros viejos compañeros, es decir, el Pagador y ese día fue de fiesta, pues al enterarse los compañeros más “viejos” que por fin nos habían pagado, exigieron a los 20 nuevos que cooperáramos con cien pesos cada uno para la comida, de inmediato se empezaron a organizar, mientras unos hacían las mesas con las enormes cajas en donde llegaba el equipo de Suecia, otros se fueron a comprar la comida, que invariablemente era barbacoa, carnitas o pollos rostizados, pero ese día hubo de todo, otros se encargaron de comprar “el vino”, al ing. Samuelson le compraron su botella de Bacardi, que era su bebida favorita, al sr. González ginebra, al “compa” Carrillo tequila, para el jefe de la central, la “Pepa” Torres pulque, traído directamente de la pulquería “El Paso”, que esta o estaba  en la esquina donde se encuentra la central, para los demás, lo que fuera “al fin eran gañotes universales”, como decían, mientras otros nos quedamos a “trabajar”.

Al terminar la comida, el ing. Samuelson recomendó a nuestros jefes que todos aquellos compañeros que estuvieran trabajando en las canales, metiendo o cociendo cables, arriba del equipo telefónico, fueran amarrados para que no se cayeran y evitar algún accidente.

Para mí fue una sorpresa saber que aun cuando no había cumplido un año de trabajo, nos mandaron en diciembre de este año de vacaciones y además pagadas, pero mientras nosotros andábamos por Parque Vía cobrando, no nos enteramos que los compañeros que se habían quedado en la central habían recibido su fondo de ahorro, por lo que continuamos ignorando esta prestación, que después nos causaría envidia y frustración.

Terminadas las vacaciones y de regreso al trabajo, a los pocos días nos encontramos con un cielo gris, que parecía estar solamente nublado pero con mucho frio, recuerdo que cuando salí de mi casa a eso de las 6 de la mañana fui recibido con una lluvia de “plumas” blancas, era el 11 de enero -que fue martes- de 1967, y, en la Ciudad de México estaba nevando, solo esperaba llegar a la Central, que era el lugar más calientito de la ciudad.

Una de las bromas más comunes era que cuando algún compañero recibía una llamada telefónica del departamento de personal, informándole que se presentara en las oficinas de Parque Vía para firmar su planta, éste, después de pedir permiso al jefe para trasladarse a la oficina respectiva, se encontraba con que ésta no había hecho tal llamada, por lo que a su regreso era la burla de todos.

Mi primera experiencia sindical fue en este año, estábamos trabajando en la central Valle cuando nos enteramos que la Convención del sindicato, había aprobado el descuento de cinco pesos semanales para construir un nuevo edificio sindical, cuando esta noticia corrió, los compañeros de conmutadores y centrales mantenimiento que eran los más aguerridos, junto con las compañeras de tráfico, apedrearon el edificio sindical en protesta por este acuerdo. El Secretario General era Antonio Sánchez Torres, quien era acusado de lucrar con la cooperativa, de inmediato solicito la ayuda de la empresa y del Congreso del Trabajo, para que despidieran a todos los telefonistas que habían encabezado la protesta, acusándolos entre otras cosas de engañar a “la gran familia telefonista”, y así se hizo.

El conflicto termino cuando los compañeros de conmutadores y mantenimiento fueron despedidos y nosotros, tuvimos que cooperar con cinco pesos semanales para su sostenimiento. Ahí nos agarró la guerra de los seis días entre Israel y Egipto.

Llegó diciembre y esta vez no nos dieron vacaciones anticipadas, así nos enteramos que nuestros compañeros recibían su fondo de ahorro “y nosotros por qué no?“, nos preguntábamos, la respuesta fue, “solo los de planta tienen ahorro”, y “porque nosotros no tenemos la planta?”, seguíamos preguntándonos. Algunos compañeros se instalaban en el del lugar de pago con una caja de zapatos, para saber si la solidaridad de los compañeros que si recibían su ahorro, se ponía de manifiesto, cosa que era muy rara.

En 1968 entre a la preparatoria núm. 3 y tuve que elegir entre estudiar o jugar futbol, pues ya pertenecía a las fuerzas dicen ahora “básicas” –antes eran inferiores- del equipo de los Pumas de la UNAM, y conservar mi trabajo en TelMex, afortunadamente escogí seguir estudiando.

En el trabajo se nos ordenó sin que mediara ninguna explicación que deberíamos presentarnos en la central Victoria bajo las órdenes del ing. Rossen, que a su vez era jefe del ing. Benavides. Ahí nos enteramos que 120 de nosotros que pertenecíamos al departamento de Centrales Construcción, nos habían “comisionado” en la sección Troncales para apoyar a los compañeros de Centrales Mantenimiento en la ejecución del trabajo para enlazar las nuevas centrales que se estaban construyendo, precisamente a través de líneas troncales.

Aquí también encontré nuevos y buenos compañeros como “el Perro”, “el Güero”, “el Chololo”, “el Costal”, “el Loco”, “el Niño”, “el Compis”, “el Colchas”, “el Jarocho”, “el Patotas”, “el Vavá”, “el Manzanita”, “el Lulú”, “el Chicharrín”, “el Callado”, “el Cos”, “la Granadina”, “el Ruco”, “el Marino”, “el Pinol”, “el Tomate”, “el Pulgoso”, “el Motor”, “el Llanero”, “el Pelos”, “el Borja”, “el Trancas”, “el Gusano”, “la Quica”, “la Gringa”, “el Zorri”, “el Plátano”, “el Negro”, “el Charchai”, “el Pipis”, “el Manotas”, “el Ñor”,  “Miguelitro” Sánchez,  “la Niña”, “el Pescado”, “el Pellejos”, “el Panda”, “el General” y también había a quienes los llamábamos por sus apellidos o sus nombres y, muchos otros más.

Es importante señalar que en aquel tiempo, Teléfonos de México se expandía rápidamente, debido a los compromisos que tenía para comunicar al país con el mundo ante dos eventos importantes, la olimpiada de 1968 y el mundial de futbol en 1970, para ello se construyeron cuatro centrales Tandem, Urraza, Roma, Golfo y Artículo 123, además de que ya se estaban instalando las nuevas centrales tipo ARF con nueva tecnología, es decir, semielectrónicas pero estas eran instaladas por “terceros”.

Nuestros nuevos jefes lo primero que nos preguntaron fue, “saben conectar y soldar?”, cuando este era nuestro trabajo cotidiano. De inmediato nos asignaron con otros compañeros que ya conocían el trabajo y nos entregaron una “orden de trabajo” para irnos a trabajar. Así empezamos a recorrer todas las centrales de la ciudad, enlazándolas a través de líneas troncales y, conociendo a otros compañeros. Pero antes de todo esto, recibimos nuestro bautizo en “La Perla de San Juan”.

A las pocas semanas y ya dominada la actividad de conectar las troncales, y como consecuencia de la construcción de la estación Insurgentes del recién inaugurado Metro de la Ciudad de México, nuestros compañeros de la construcción rompían los cables,  por lo que me asignaron a la gigantesca Central Roma, que tenía seis series de diez mil líneas cada una, para encargarme de la reparación, conexión y prueba de las troncales rotas, pero ya en la Central lo primero que me ordenó el ”compa” Patiño, jefe del cross, fue retirar todas las líneas “muertas” que mis compañeros de Instalaciones de la Red Valle de México dejaban, cuando daban de baja  a un “abonado”.

Después me entregaron una larga lista con los números de las tablillas que venían del equipo de conmutación hacia los cables principales para dar de alta y proporcionarle servicio a un nuevo “abonado”, para esta nueva labor estábamos asignados los compas Roberto Castro, Librado Calderón, Loza, Porfirio Estrada mejor conocido como “el Dragón” y Arnulfo Osorio que había sido integrante del Comité Ejecutivo del Sindicato en la época de Velasco Valerdi, quién nos platicaba como se había “cocinado” la derrota del Movimiento Restaurador de la Democracia Sindical y la imposición de Manuel Guzmán Reveles en la dirección del sindicato, pues él y todo el Comité Ejecutivo Nacional y de Vigilancia fueron despedidos.

Mi nuevo jefe Heriberto Schwebel Herbert, me quito de sacar líneas “muertas” y conectar líneas de “abonados”, mi nueva tarea fue, junto con el compa Librado Calderón, modificar todos los selectores, que eran giratorios del tipo AGF 122 de las centrales Roma V y Roma VI, ya no hacíamos ni trabajos de Construcción ni de Troncales, ahora realizábamos labores de Mantenimiento.

Aquí también conocí y trabaje con buenos compañeros, Isidro Álvarez “el Foforo”, la “Botana”, el “Matute”, Chon Reyes, el “Patito”, Pascual Martínez el “Pato”, el “Perro” Bustamante, Morín, que le decíamos de cariño “Chelín” pues ya era grande de edad, el compa Cuadros, “Lencho”, Lorenzo Aguilera quién nos enseñó los secretos del AGF, para poder ascender de categoría, pero teníamos que ir los sábados a “estudiar”, también trabaje con Miguel Ángel Pérez Díaz, que más tarde se convertiría en ingeniero y estrella del equipo de futbol americano de los Cóndores de la UNAM y muchos otros más.

Ya en la prepa y por ser “inteligente”, según decían mis jefes, me quitaron de la “línea”, es decir me sacaron de la Central Roma y me pusieron a realizar trabajo administrativo, haciendo los reportes de tiempo trabajado y del extra, de los ausentes, enfermos y de vacaciones, además de los avances y el número de troncales que se instalaban semanalmente. Aquí me encontró el movimiento estudiantil de 1968, en donde por ser el jefe de mi grupo, forme parte del Comité de Lucha de la prepa 3, que entre otras tareas, teníamos que combatir a los “porros” en las asambleas y, testigo de la matanza del 2 de octubre, situación que me llevo a prisión durante varios días.

El movimiento estudiantil estaba removiendo conciencias, pues al presentarme a mi trabajo, después de estar preso, mi jefe, el Ing. Benavides me llamó a su oficina, preguntándome porque había faltado tantos días a trabajar, después de darle una larga explicación de lo sucedido en la Noche de Tlatelolco, se quedó pensando un rato, finalmente me dijo que los días que me había ausentado me los tomarían a cuenta de vacaciones y me ordeno que me presentara con mi jefe Pascual Martínez para que me asignara nuevas tareas, pero seguí haciendo trabajo administrativo.

Otra vez llego diciembre y veíamos como solo a los de planta les daban ahorro y nosotros sin saber qué hacer, pues no conocíamos ni los estatutos del sindicato ni el contrato colectivo, y tampoco nadie nos decía que esos documentos existían.  Pero gracias a que visitábamos las centrales automáticas en el Distrito Federal, poco a poco fuimos conociendo a “viejos” sindicalistas de centrales que habían trabajado en la Ericsson y en la Mexicana, quienes nos explicaban el porqué de nuestra situación, ya que el Comité Ejecutivo coludido con la empresa, violaban constantemente el Contrato Colectivo y la Ley.

Así las cosas, no necesitábamos convencer de nuestra situación a los demás compañeros, pues sobre todo los “viejos”, que ya tenían más tiempo que nosotros como eventuales, algunos hasta con más de diez años, buscaban la manera de cambiar su condición y obtener la planta. Lo primero que tuvimos que hacer fue organizarnos y convencer a estos compañeros para que participaran en las reuniones “clandestinas” que realizábamos en las casas de algunos de nuestros compañeros.

Ya organizados, demandamos al Comité Ejecutivo que realizara asambleas departamentales para poder exponer nuestros reclamos. En una de estas asambleas exigimos basados en el contrato colectivo y la ley, que se nos diera la anhelada planta. Después, en otra asamblea, el Comité nos informó que la empresa estaba de acuerdo en discutir el asunto a través del Comité y una comisión de trabajadores del departamento, pero en aquella época las comisiones no eran como las de ahora, grandotas, ya que la empresa aceptaría en la famosa comisión a solo dos representantes, el delegado departamental y un compañero nombrado por la asamblea.

Nuestros representantes fueron el delegado Hugo Borrás y el compañero Tomassini a quien poco más tarde la empresa lo convirtió en empleado de “confiaza”, ante nuestra insistencia de que a la mencionada comisión se integrara otro compañero, Telmex acepto al compañero Alfonso Sánchez Escudero, quién lamentablemente se convirtió en la burla de todos, ya que a las negociaciones se presentó arreglado formalmente, es decir, de traje y corbata, cuando en el trabajo se presentaba siempre vestido con overol y camisa de mezclilla, por lo que lo habíamos apodado “el Obrero Mundial”, además de que presumía de estudiar en la Universidad Obrera.

Después de largas “negociaciones”, el Comité Ejecutivo nos citó a asamblea para informarnos el resultado de las pláticas. La empresa estuvo de acuerdo en otorgar 428 plantas, en ese momento Centrales Construcción contaba con 620 trabajadores a nivel nacional, pero estas serían repartidas en cuatro secciones, Monterrey, Guadalajara, Puebla y Celaya, por lo que los compañeros que quisieran tomar la planta lo tendrían que hacer cambiando de residencia, además, como no había escalafón se tendría que crear uno en cada sección, por lo que en el DF y debido a mi edad quede como eventual con el número 36 del escalafón, otra vez había que esperar más tiempo para obtener la planta, pero después de seis años como eventual logre obtenerla y empezar a disfrutar de la prestación del ahorro.

Ya con la seguridad en el trabajo y sin el temor de que nos corrieran, rumor del que se hacía uso cada vez que mostrábamos inconformidad, los 120 “comisionados” en troncales empezamos a protestar porque no realizábamos trabajos de construcción y el que hacíamos, tenía más relación con el de mantenimiento, además de que nuestros jefes eran de Centrales, por lo que demandamos que se nos integrara a este departamento.

En 1971 ingrese a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM a estudiar Sociología, donde tuve la fortuna de conocer a muchos intelectuales de izquierda mexicanos y latinoamericanos, inclusive europeos y estadounidenses, que fueron mis maestros y, me case con Carolina.

Ante la negativa de la empresa, una vez más emprendimos la tarea de organizarnos para crear nuestro departamento con materia de trabajo propia. Empezamos por negarnos a trabajar el tiempo extra y hacer reuniones en los cafés y cantinas que se encuentran alrededor de la central Victoria, después en las casas de algunos compañeros.

De estas reuniones salió el acuerdo de exigir al sindicato que, o nos regresaban a Construcción o se hacía el nuevo departamento, para ello primero tuvimos que pedir la autorización del delegado de Construcción que era Hugo Borrás y después solicitar al Secretario de Trabajo Ramón Ortiz, que iniciara los trámites con la empresa para la formación del nuevo departamento. En nuestros centros de trabajo recibíamos a cambio de una pequeña contribución, “El Telefonista“ y “El Guajolote”, periódicos cuyo contenido nos causaban todavía más inquietud, pues el órgano oficial del sindicato, es decir la revista 1º de Agosto, solo nos informaba de las visitas de los integrantes del Comité a las diferentes secciones, reseñas de bodas, quince años, viajes del Presidente de la República, fiestas, premiaciones, etc.

La situación parecía complicada pues en esos momentos se encontraba la revisión del convenio de centrales mantenimiento y, como en el Comité Nacional no tenían tiempo para atendernos, nos citaban a horas muy tarde o de plano los sábados, creyendo que no asistiríamos. Creo que fue importante que la mayoría de los compañeros nos reuniéramos los sábados en el jardín frente al local sindical, pues ahí tuvimos la oportunidad de conocer a veteranos de la guerra civil española que nos daban ánimos para seguir con nuestras demandas.

Pero ante la indiferencia del sindicato y la negativa de la empresa, nos vimos obligados a realizar paros de labores, provocando que nos ganáramos el apodo por parte de la empresa de “manzanas podridas”, estas “manzanas” eramos “el Pelón”, “el Perro Ugalde”, “Mr. Ed” Mayolo Villanueva, “el Tobi” Chucho Rodríguez de Landa, y “el Patas de Buzo” Jorge Enríquez, todos estábamos asignados en la Central Roma, mote fue promovido por viejos trabajadores de la Mexicana y de la Ericsson, convertidos ahora en personal de “confianza”.

Después del último paro de labores, que duro poco más de una semana, la empresa estuvo de acuerdo en que se formara el nuevo departamento que llevaría el nombre de Programación y Recepción de Equipo, quedando establecido en el convenio la materia de trabajo, las labores de cada categoría, las formas de ascenso, la capacitación, el escalafón y, sobre todo que después de tres meses cuando un aspirante lograra la categoría de 3ª obtendría la planta y por lo tanto su ahorro. También se logró la nivelación salarial con el depto. de centrales mantenimiento. Así, por convenio, obtuve la categoría de técnico de 2ª.

Recuerdo que durante las negociaciones para crear el nuevo departamento, el jefe de personal Lic. Joaquín de la Sierra Cuspinera nos advertía que si se formaba el nuevo departamento “no se nos podría aumentar ni siquiera veinte centavos”, al mismo tiempo que se quejaba de que su mamá no gozaba de la casa que le había comprado y que tuvo un costo de más de un millón de pesos.

Es importante mencionar que las negociaciones se realizaron durante poco más de una semana, a tiempo corrido, incluyendo sábado y domingo, ante la urgencia de realizar los trabajos de conexión de las nuevas centrales.

Esto que sucedía en los meses de septiembre y octubre de 1975, provoco que el departamento de Centrales Construcción demandara también la nivelación salarial y con la salida del departamento de 120 de nosotros, una readecuación de categorías y del escalafón, por lo que tuvieron que luchar contra el Comité Ejecutivo, encabezado ahora por Salustio Salgado Guzmán, en una asamblea que duro cerca de 24 horas para que sus demandas fueran atendidas, mientras que en el departamento de centrales mantenimiento pocas semanas después, el convenio fue firmado.

Antes de la firma del convenio que creaba el Departamento de Programación y Recepción de Equipo, convocamos a todos nuestros compañeros a  asamblea, para informarles del resultado de las negociaciones, aprobado el clausulado, pasamos al nombramiento de nuestros delegados, fuimos nombrados como delegado propietario Mayolo Villanueva y como suplente, el “Pelón” o Méndez como empezaron a decirme.

Para mi es importante recordar, que el Comité encabezado por Salustio nos quiso doblegar en nuestras demandas, llevándonos a la Secretaría del Trabajo a altas horas de la noche a negociar con la empresa, aprovechando que al mismo tiempo se realizaban negociaciones con los compañeros de centrales mantenimiento, al término de las discusiones, que eran cerca de las dos o tres de la madrugada, recuerdo que tuve que llegar caminando a mi casa, ya que no tenía dinero ni para el camión y, tampoco existía el servicio público de transporte en la ciudad en estas horas.

Así, con estas luchas que se venían dando a nivel departamental y a la inconformidad de muchos de nuestros compañeros por la forma en que era utilizado el “máximo órgano de gobierno” de nuestro sindicato, es decir la Convención, donde nuestros “dirigentes” promovían su reelección, se empezaron a crear las condiciones para que en abril de 1976, el Comité Ejecutivo del STRM fuera destituido por los telefonistas democráticos, pero esa es ya otra historia.

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