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La cláusula 9ª

¡No más un botín de contratistas!

 

José García Méndez.

 

Entre los problemas más graves que los telefonistas mexicanos han tenido que afrontar a lo largo de su historia es el contratismo, pues éste ha estado presente desde que las empresas Ericsson y Telefónica Mexicana se instalaron en México, ya que al no existir reglamentación alguna que regulara este problema, éstas contrataban trabajadores “libres”, es decir que no estaban sindicalizados, con la intención de arrebatar a los telefonistas sindicalizados su materia de trabajo por lo que estos respondieron con paros y huelgas en defensa de su trabajo, ya que a los trabajadores no sindicalizados se les pagaba menores salarios y sin prestaciones.

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¿Marcó usted bien?

Empresas telefónicas en rebeldía.

José García Mendez

La explotación del servicio telefónico en México, se venía realizando normalmente, hasta que, como consecuencia de la huelga declarada por los trabajadores telefonistas en contra de la Compañía Telefónica y Telegráfica Mexicana en enero de 1915, provoco que Venustiano Carranza, haciendo uso de sus facultades extraordinarias, incautara las redes instaladas en la Ciudad de México por la empresa norteamericana, quedando diez años bajo la administración del gobierno.
Otro de los problemas que tuvieron que afrontar las dos empresas que operaban en México, es decir la Telefónica Mexicana y la Empresa de Teléfonos Ericsson, fue que como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, los materiales se encarecieron y al existir dos empresas que proporcionaban el mismo servicio en la Ciudad, éste se hacía más deficiente, lo que provoco que el gobierno del General Álvaro Obregón, contemplara la posibilidad de otorgar una nueva concesión a otra empresa telefónica diferente a las que ya existían.
A pesar de que tanto los gobiernos de Obregón y Calles insistían en devolverle sus bienes a la Telefónica Mexicana, esta se negaba sistemáticamente a aceptar las propuestas del gobierno, hasta que no fuera indemnizada, por los diez años que se mantuvo requisada.

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Estalló el Descontento

Francisco Hernández Juárez:

A LOS 26 AÑOS, LIDER DEMOCRATICO DE 22,000 TELEFONISTAS.

 

Por Francisco Ortiz Pincehtti.

 

Revista de Revistas, 1a quincena de junio de 1976.

 

Nuevo dirigente del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana habla a r/r sobre los antecedentes, desarrollo y perspectivas del sorprendente movimiento de insurgencia que derrotó arrolladoramente a Salustio Salgado y llevó a Hernández Juárez a encabezar una de las más importantes agrupaciones de trabajadores. “Hemos dado una lucha abierta contra el charrismo –proclama-, y la seguiremos dando”.

 

Salustio Salgado Guzmán es un hombre maduro, cincuentón casi con muchos años de experiencia en las lides sindicales, cuando un preparatoriano de apenas 17 años de edad, Francisco Hernández Juárez ingresó a trabajar a Teléfonos de México. Aquel ocupaba en ese entonces la Secretaria del Interior y se perfilaba como futuro dirigente máximo de uno de los más importantes sindicatos de industria del país.

En 1970, en efecto, Salgado Guzmán alcanzó la Secretaria General del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana, organismo controlado prácticamente desde su nacimiento, en 1950, por un grupo reducido de líderes.

Durante su gestión de cuatro años al frente del STRM, Salustio promovió reformas los estatutos para hacer posible la reelección de los dirigentes. Así, en 1974, inició su segundo periodo consecutivo. Mientras, su fuerza política parecía fortalecerse más y más, al grado de que en febrero pasado el PRI lo postulo como su candidato a diputado federal por el VI distrito de Guerrero, su estado natal.

Hoy, sin embargo, su lujosos despacho en el edificio sindical de Villalongín número 50 es ocupado por un chamaco de complexión delgada, habla quedo y llano, que viste ropa de mezclilla y cuya hirsuta y descuidada barba disimula, pero no logra ocultar su juventud, es aquel Francisco Hernández Juárez que ahora tiene 26 años de edad.

Este “Pancho López” del sindicalismo mexicano, que ha sorprendido a los viejos lobos del movimiento obrero organizado, llegó ahí por la determinación de cerca de 20.000 trabajadores telefonistas que repudiaron y echaron a Salustio mediante un movimiento que hará historia.

-Hemos dado una lucha abierta contra el charrismo. Y la vamos a seguir dando- dice Hernández Juárez, visiblemente incomodo en la amplitud del sillón de alto respaldo y forro de piel negra en el que hasta hace poco se arrellenaba Salustio Salgado.

 

ESTALLO EL DESCONTENTO.

 

La historia objetiva de este caso insólito se inició a principios de abril pasado al aproximarse la revisión del contrato colectivo de trabajo entre el STRM y la empresa Teléfonos de México. Ya antes del inicio de las pláticas la inquietud de los trabajadores por lograr esta vez un aumento salarial mayor -se habían obtenido incrementos entre 10 y 12 por ciento en anteriores ocasiones- se había manifestado a través de millares de volantes editados por el personal de diversos departamentos.

En un principio esas comunicaciones eran de tácito apoyo al comité ejecutivo encabezado por Salustio pero pronto se tornaron en agresivas presiones. Y en advertencia de que esta vez no se toleraría un acuerdo a espalda de los trabajadores.

En este clima, el lunes 19 de abril se iniciaron las negociaciones. El martes el “volanteo” dio paso a la comunicación telefónica. La inquietud crecía. Y el miércoles por la tarde, citados telefónicamente, se reunieron en el sindicato unos 500 trabajadores que pidieron a Salgado Guzmán información acerca de las pláticas. En tono despótico, el líder les dijo que no había nada importante todavía puesto que apenas se habían revisado unas diez o doce cláusulas administrativas, faltando un número considerable de estas, y sobre la cuestión económica no se había hablado siquiera.

La gente reiteró su advertencia, ningún acuerdo inferior al 35 por ciento de aumento sin consultar a la base.

El jueves 22 a las 12 del día, el auditorio, los pasillos del sindicato estaban colmados, Salustio llegó con el contrato firmado, aumento del 15 por ciento únicamente. Y ahí estallo el descontento. La noticia corrió por el hilo telefónico y provocó creciente indignación. Entonces una multitud reunida fuera del edificio desinfló los neumáticos de los autobuses en que ya se retiraban los delegados a la contratación incondicionales de Salustio y bloquearon la calle.

Las operadoras de la central Victoria fueron las primeras en actuar drásticamente. La actitud grosera de sus delegadas las había acabado de colmar. A eso de las 8 de la noche ya no se contestaba en el 02 y las muchachas se dedicaron a pedir apoyo a las secciones foráneas. Pararon también paulatinamente los servicio del 01, 04, 05, 07 y 09.

Mientras tanto en el Sindicato unos 100 trabajadores inconformes fueron invitados por la policía a desalojar la calle. Entraron al local y decidieron, en un acto de solidaridad con las operadoras tomar el edificio. Esa misma noche diversas comisiones formadas ahí salieron a los distintos centros de trabajo a solicitar a los telefonistas la suspensión de labores en apoyo al paro de las operadoras.

-Toda la gente respondió- recuerda Hernández Juárez.

En efecto, El viernes a las nueve de la mañana el paro había cundido y el sindicato bullía de trabajadores. Una comisión fue a la Secretaría del Trabajo, pero fue rechazada. El Titular del ramo dijo que el paro era ilegal –de eso estaban conscientes los paristas- y que solo si regresaban a trabajar podían a las autoridades dialogar con ellos.

Esto fue rechazado por los trabajadores, reunidos ya en asamblea permanente. Se acordó seguir la suspensión de labores. El viernes por la noche los dirigentes de los paristas –entre ellos Hernández Juárez- fueron llamados a la Secretaría de Gobernación para que explicaran exactamente los motivos y peticiones de su movimiento. Se entrevistaron con el subsecretario  Fernando Gutiérrez Barrios. Le explicaron que era imposible que volvieran al trabajo, ya que obviamente el comité ejecutivo emprendería una “cacería de brujas” contra los dirigentes paristas “como han hecho para aplastar otros movimientos anteriores”.

-Ya no era un movimiento meramente económico por el contrato colectivo- señala el joven dirigente rebelde. Ya era un movimiento eminentemente político para derrocar a ese señor, a Salustio.

Mientras tanto, los dirigentes del Congreso del Trabajo se reunían urgentemente  y Fidel Velásquez declaraba que el descontento en el sindicato de telefonistas “obedece a motivos de orden político que han estado siendo cultivados por personas extrañas con el deliberado propósito de distorsionar el sistema sindical mexicano”. E hizo una advertencia “tenemos que poner un hasta aquí a las arbitrariedades de quienes han llegado hasta secuestrar dirigentes”, refiriéndose al supuesto plagio de algunos miembros del comité ejecutivo del STRM por parte de los paristas, lo que resultó falso.

Por otra parte, las autoridades hacían pública la posibilidad de una intervención de personal especializado en varias dependencias para sustituir a los paristas y reanudar los servicios interrumpidos, cuya amplitud iba en aumento en todo el país. Abarcaba ya a 39 ciudades.

 

UN TRIUNFO APLASTANTE.

 

La asamblea de trabajadores, constituida legalmente con la representación de un 80 por ciento de las secciones del STRM eligió el sábado 24 a los miembros del Comité Democrático. Entonces apareció el nombre de Francisco Hernández Juárez como cabeza formal del movimiento. Esa misma noche se iniciaron las pláticas entre las autoridades, los paristas y el Comité Ejecutivo de Salustio Salgado. La discusión se prolongó por más de 12 horas. A las seis de la mañana del domingo se llegó por fin al acuerdo de celebrar un referéndum entre todos los trabajadores telefonistas para decidir entre tres opciones, apoyar al Comité Ejecutivo, elegir a Hernández Juárez como Secretario General interino, o efectuar nuevas elecciones sindicales

Dicho referéndum se efectuaría a partir del 11 de mayo. En el inter, los miembros y simpatizantes del Comité Democrático desplegaron una actividad intensa. Reunieron cerca de 500.000 pesos con aportaciones de los propios trabajadores y pudieron así desplazarse al interior del país y editar impresos, propaganda.

Por su parte Salustio Salgado, tal vez incrédulo de que su hegemonía podía acabar, decidió esperar pacientemente. Anuncio que no haría ninguna campaña en busca del voto “porque eso no era necesario”.

La lucha librada por él y sus compañeros para obtener la revisión del convenio de su departamento, acarreó para Hernández Juárez la simpatía y popularidad de los trabajadores. Y al suscitarse el conflicto intersindical, lo escogieron para encabezar el movimiento.

En cambio, abrió la boca con sorpresa. Sus declaraciones hicieron que la animadversión en su contra aumentara. Estas son algunas de sus frases “Soy charro y estoy feliz de ser charro”. “Yo que vi a mis operadoras llorando de agradecimiento, ya mero besándome los pies, no las puedo concebir protestando y votar en mi contra”. “Atrás de todo esto está Galván, la famosa izquierda de Galván siempre ha tenido el ojo encima de los telefonistas”. “Antes de ser Salustio Salgado soy mexicano y trabajador de Teléfonos de México”.

Y el día del recuento llego. No hubo lugar a duda la victoria de Hernández Juárez fue arrolladora. En números redondos, unos 17.000 trabajadores votaron por él, apenas 2.000 lo hicieron en apoyo del viejo líder. Las autoridades laborales que vigilaron el proceso entregaron a los ganadores el registro oficial el pasado 28 de mayo.

Ahora, el líder electo tan contundentemente por sus compañeros  sentencia.

-Para ellos fue definitivamente el fin, porque esto ya es irreversible. Nosotros apenas empezamos.

Su triunfo desconcertó no solo a Salustio y a los grandes jerarcas del Congreso del Trabajo –al cual pertenece el STRM- sino también a las autoridades e inclusive a los líderes del sindicalismo independiente que, a pesar de su lucha denodada, no han conseguido nada semejante.

 

ANTECEDENTES DE LUCHA.

 

Pero. ¿Quién es este nuevo dirigente surgido aparentemente de la nada y colocado al frente de 22.000 trabajadores?

Francisco Hernández Juárez nació en la Ciudad de México el mismo año en que con la fusión en Teléfonos de México S.A. de las antiguas empresa ”Ericsson” y “Mexicana” surgió el STRM 1950. Hijo de una familia modesta, ingreso a TM en 1967. A los 22 años de edad casó con Guadalupe Castro. Tienen dos hijos: Claudia, de cuatro años y Francisco Noé, de ocho meses de edad.

Estudio hasta el octavo semestre de ingeniería en el IPN. En Teléfonos de México tiene plaza como técnico de primera con un sueldo de 1400 pesos semanales. Está adscrito al departamento de Centrales manutención y su labor consiste en dar mantenimiento a los equipos automáticos de la empresa.

Dice que su formación política la adquirió en la escuela al participar en un grupo cultural “dedicado al estudio e interpretación de la realidad política del país. Y después en la lucha sindical misma”.

Porque cuando la asamblea lo eligió para encabezar al Comité Democrático no era precisamente un desconocido para la mayoría de los reunidos. Él y otros compañeros suyos habían librado antes una larga lucha que los llevó a un enfrentamiento sordo con el Comité Ejecutivo del STRM, les hizo ganar amplia popularidad entre las bases y les permitió entrar en contacto con trabajadores de muchos puntos del país.

El mismo Hernández Juárez explica que esa actividad tuvo como motivo la revisión del convenio de su departamento (además del contrato colectivo que abarca a todos los trabajadores, existen convenios específicos de cada departamento con la empresa). Primero para lograr dicha revisión –tres años de esfuerzos- y luego para discutirla –un año más- los representantes de los 600 trabajadores de Centrales Manutención se foguearon en la acción sindical.

-Nuestro primer obstáculo era el propio sindicato, el Comité Ejecutivo de Salustio Salgado. Este rechazaba sistemáticamente nuestras peticiones. Tuvimos que saltárnoslo, discutir directamente con la empresa y estábamos dispuestos a irnos a un arbitraje. Así obligamos al sindicato a tomar acciones que él por su cuenta nunca hubiera emprendido. Y  logramos un convenio aceptable, que firmamos el 4 de diciembre pasado.

El joven líder considera que esa lucha “creó cierto estado de ánimo entre los trabajadores. Fue un gran precedente, que hizo ver a la gente el verdadero rostro de los charros y que planteó en los diversos departamentos la necesidad de conseguir verdaderas reivindicaciones en caso de cómo actuar, como lo hicimos nosotros, con determinación”.

Hernández Juárez reflexiona un momento. Luego abunda.

-Lo que paso en nuestro departamento fue un síntoma, les dio la pauta a los demás, porque en todos los departamentos había un gran descontento por el descuido en que se tenían las inquietudes y demandas de los trabajadores. Y en el momento que se hizo el llamado de las operadoras para suspender las labores, todo el mundo jaló, porque ya estaban motivados en algún grado y porque en alguna forma todos habían sido afectados por Salustio.

 

“LA ASAMBLEA DECIDIRA”.

 

Hernández Juárez charla con rr en la oficina que le cedió Salustio Salgado Guzmán, muros forrados de madera, alfombra ocre, sillas de piel, un moderno escritorio sobre el cual hay un televisor, dos conmutadores, interfonos y otros aparatos (Salustio tenía instalado un circuito cerrado de TV que le permitía observar a quienes se encontraban en la sala de espera), tras el escritorio, a espaldas del líder, una fotografía del Presidente Echeverría flanqueada por pinturas de Juárez e Hidalgo.

El nuevo dirigente se ve extraño en ese ambiente. Lo supone uno demasiado tierno, demasiado frágil para ocupar ese sitio. Y si lo compara uno con los “tiburones” del sindicalismo oficial, semeja acaso una sardina. ¿Lo es?

Hernández Juárez confiesa que se siente raro en esa oficina. “Queremos hacer esto más real, más funcional. Esto es realmente humillante para los trabajadores”, dice, pero explica que no tienen dinero por el momento para hacer esos cambios. “Nos dejaron limpios”, acusa.

Se le pregunta si en su opinión, además de los antecedentes ya señalados tuvo en la insólita actitud de los telefonistas alguna influencia el movimiento sindical independiente.

-Creo que sí- adelanta. Influencia directa en cuanto que a ellos hayan intervenido, no, en absoluto, pero creo que evidentemente los objetivos y los principios de lucha del sindicalismo independiente influyeron en el ánimo de algunos compañeros.

-¿Se sitúan ustedes en esa línea sindical independiente?

-Nosotros buscamos un sindicalismo democrático independiente. No precisamente, todavía no podemos definirlo hasta que nuestra convención nacional lo decida en julio próximo, en contacto directo con los sindicatos independientes.

-¿Esto significaría abandonar el Congreso del Trabajo?

-Posiblemente. La convención puede decidir eso. Lo que puedo asegurar es que hay mucho resentimiento entre los trabajadores porque el Congreso del Trabajo ha sido actor fundamental en la derrota de luchas anteriores más o menos parecidas a éstas. Y porque al principio de nuestro movimiento la actitud de Fidel Velázquez y otros miembros del Congreso fue la de condenar, sin hacer ningún análisis previo, nuestra lucha y de apoyar a Salustio Salgado.

Se le insiste sobre una denominación de la líneas a seguir. Rechaza otra vez “Nosotros estamos en la postura de no decidir nada y llevar esas cuestiones a la asamblea nacional”.

 

“BASTION DEL MOVIMIENTO OBRERO”.

 

Cuando se le inquiere sobre si él y los demás integrantes del nuevo Comité Ejecutivo consideran que existe ya la madurez necesaria entre los telefonista para tomar una decisión válida, Hernández Juárez repone (sic).

-Por ahora, lo que me parece el paso fundamental a seguir es precisamente la organización que permita a este sindicato convertirse en un verdadero bastión del movimiento obrero. A partir de ahí podemos pensar el siguiente paso. Entonces el problema ahorita no es discutir si nos salimos o no del Congreso del Trabajo, el problema es discutir cuando nos salimos de él, si esto fuera lo más conveniente para el movimiento obrero.

“Claro que no podemos olvidar que en la misma forma que Salustio tenía apagadas las inquietudes de los compañeros a base de terror, amenazas y represión, en el Congreso del Trabajo hay fuerzas importantes de la misma naturaleza. Nosotros queremos contribuir a que el desarrollo del movimiento obrero sea a partir de la base que la representatividad de sus dirigentes sea auténtica y expresada por los trabajadores a través del voto directo y secreto.

“Esos son nuestros objetivos –enfatiza-: la democracia sindicales. La lucha porque a través de alianzas ya no con la burocracia sindical, sino con la base social, los trabajadores determinen las directrices generales inclusive del país”

Desde que ellos asumieron la dirección del STRM han promovido la realización de asambleas departamentales para conocer las necesidades concretas de cada centro de trabajo. Todas las tardes se viene efectuando una de esas asambleas, sábados y domingos hay dos y hasta  reuniones de todo tipo.

-¿Qué otras acciones han emprendido? –se pregunta.

-Por principio de cuentas queremos limpiar definitivamente todos los  vicios que aquí estaban ya muy arraigados. La propia estructura mental del telefonista, conformado por años y años de no permitirle participación alguna en su sindicato, es algo que tenemos que cambiar. Y terminar definitivamente con esa mafia que durante 26 años mangoneó a su antojo el sindicato y que de alguna manera está actuando; lucha por dividir nuestro movimiento volver a montarse a caballo al frente del sindicato.

“Todas esas lacras tenemos que erradicarlas definitivamente, debemos organizar y formar los nuevos cuadros sindicales con la gente más capaz. A partir de ahí podría darse  el siguiente paso. Nuestra preocupación fundamental es la organización””.

-¿Cuál sería ese “siguiente paso”?

-Pues ya podría entonces si discutirse la opción política, de acuerdo a nuestros estatutos, los cuales señalan nuestros principios fundamentales y son plenamente válidos.

“El STRM –lee Hernández Juárez en la última edición de los estatutos hecha en 1964- reconoce como principios que basan su organización, la lucha de clases como móvil del proceso histórico, la liberación económica, política y cultural de la clase trabajadora, la lucha organizada y sistemática por eliminar los obstáculos que se opongan al progreso de los trabajadores, la democracia y la autonomía sindical…”

“Agrega que hay un inciso más pero que ese tendrá que ser eliminado por la asamblea. Lo lee “La intervención del sindicato como organismo en las luchas electorales para designar funcionarios de elección popular del poder público (al efecto –sic- se faculta al Comité Ejecutivo Nacional y al Nacional de Vigilancia, para hacer los tramites respectivos a fin de que el sindicato ingrese al Partido Revolucionario Institucional en la inteligencia que ello no implica que se usen los fondos sindicales en actividades político- electorales”. Por cierto, denuncia Hernández Juárez, Salustio hacia uso de esos fondos para la campaña de candidato a diputado federal.

 

“AQUÍ NO HUBO INFILTRACIONES”.

 

-Ustedes han denunciado un desfalco- se le recuerda.

– Me parece que esa fue una declaración apresurada. La verdad es que se está efectuando una auditoria y hasta que no tengamos los resultados no podemos afirmar algo definitivo. Lo que si es cierto es  que después de la votación, el 17 de mayo. Salustio retiro medio millón de pesos de la cuenta del sindicato en el Banco Comercial Mexicano. Pero tenemos que esperar.

Indica que el STRM tiene ingresos aproximados de 1 800 000 pesos mensuales por concepto de cuotas sindicales y que el comité derrocado dejo 2 000. 000 de pesos además de otra cantidad igual que correspondiente a cuotas retenidas por el mes en que se suscitó el conflicto. O sea, un haber de 4 000. 000 de pesos “pero con un déficit bastante superior”.

Luego habla de los adjetivos que les fueron endilgados por los líderes charros al principio de su movimiento…”comunistas”…”terroristas”…”miembros de la 23 de septiembre”. Ríe y rechaza eso sí muy en serio, las acusaciones de que “atrás de todo estaba Rafael Galván y la Tendencia Democrática del SUTERM”.

Precisamente, dice, a diferencia de otras luchas sindicales independientes, la suya triunfo porque en el movimiento no hubo infiltraciones de ninguna clase. “Ante eso las autoridades entendieron que esto no era manejado, sino un auténtico descontento de base”. Y pondera la actitud que después asumieron las autoridades laborales de pleno respeto a la voluntad popular. “Tengo que reconocerlo”, dice.

Una y otra vez rechaza tener nexo o relación con otros sindicatos o movimientos insurgentes y escapa cuando se le pide autodefinición política.

-Lo que a mí me preocupa fundamentalmente es un cambio, un cambio en que la participación las clases tradicionalmente marginadas  real y en ascenso. Eso implica el reconocimiento objetivo de la realidad, el interpretarla y el atacarla en un nivel de prioridades. No podría dar una definición política porque no me  gusta encerrarme en un cartabón.

– ¿Se considera un revolucionario?

-No. Definitivamente creo que esa es una palabra que implica una concepción mucho más amplia. Si lucho por esas transformaciones y creo que en la medida en que las logremos podemos considerarnos revolucionarios. Pero no solo de palabra de hecho. Y a mí sinceramente creo que me falta todavía mucho.

Habla luego de los grandes problemas, desempleo, educación, desconcientización, enajenación. “El país no tiene un proyecto político, un proyecto nacional”, resume.

Vuelve a hablar del STRM para reconocer que en un principio la lucha que se dio fue fundamentalmente económica, movida por el detonador del aumento salarial, pero dice que las condiciones enfrentadas le hicieron dar un vuelco y convertirse en una opción política. Pero el camino es  difícil, dice, tan solo por las agudas diferencias de las capas sociales que subsisten en el mismo sindicato, unos están muy bien, otros tienen graves carencias.

-En síntesis-  .agrega-, creo que la gente lucho esta vez por liberarse de un yugo los dirigentes charros,  déspotas. Ahora no vamos a emprender una acción suicida. Primero hay que consolidarnos y luego lanzarnos a otras metas, pero  seguros, serenos.

-¿Se considera capaz- es la última  pregunta al líder de 26 años de edad- de encabezar un sindicato tan importante como este, de sortear los  embates del enemigo,  que seguramente ya prepara la revancha.

Lo piensa un momento, pero no titubea en su respuesta.

-Creo en la posibilidad de intentar cambios importantes dentro del sindicato. Y también hacia fuera. Cuando menos me siento capaz de intentarlo

 

Pasos firmes hacia la Democracia Sindical.

Sección 3-Puebla.

Un historial de lucha.

 

Colaboración del Cuerpo Redactor de El Demócrata (órgano de Información y Discusión de los Telefonistas Poblanos).

Restaurador 22 de abril.

Órgano Oficial del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana.

Año l,        enero-febrero de 1977,          núms. 4y5

 

PRIMERA PARTE.- Antecedentes.

La Representación Nacional de nuestro sindicato que fue depuesta por los trabajadores telefonistas en el movimiento del pasado 22 de abril, no fue repudiada por motivos meramente accidentales o emotivos; su repudio se debió a que los trabajadores nos encontrábamos ya cansados de que nuestros supuestos representantes se dedicaran alegremente a traficar con nuestros derechos y olvidaran la auténtica defensa de nuestros intereses de clase.

Fue por ello, que el Movimiento Democrático, pese haber sido de origen espontaneo y, por lo mismo, no planeado consiente y cuidadosamente, adquirió en un lapso demasiado corto de tiempo, una fuerza tal, que hizo resquebrajarse y caer estrepitosamente el sistema de control y la estructura de poder que el charrismo representaba dentro de las filas de los telefonistas.

Al iniciarse la etapa de la Democracia Sindical nos encontramos los trabajadores con el hecho de que ni siquiera los derechos que los mismos líderes corruptos habían pactado con la empresa habían sido respetados; todo lo contrario, la defensa de nuestros derechos había caído en el peor de los olvidos y el entreguismo a la empresa había llegado más allá de lo tolerable.

Por lo anterior, en esta nueva etapa de la vida de nuestro sindicato, los trabajadores comenzamos a exigir que fuesen respetados, por lo menos los derechos mínimos que tenemos establecidos en el Contrato Colectivo de Trabajo, el Reglamento Interior de Trabajo, en los Convenios Departamentales, en la Ley Federal del Trabajo, etc. Ante el alud de reclamaciones que se presentaron, en todos los tonos, a partir del pasado mes de mayo, y ante la imposibilidad real de darles trámite expedito en forma particular a cada uno de los problemas planteados. La empresa y el Comité Ejecutivo Nacional establecieron el sistema denominado “Mesas de Trabajo”, con la intención de resolver en “paquete”, los problemas atrasados que presentaban los diferentes Departamentos y Secciones del sindicato.

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El Fondo de Ahorro de los telefonistas.

Entre las clausulas más importantes contenidas en nuestro Contrato Colectivo de Trabajo, es sin lugar a duda la que se refiere al Fondo de Ahorro. Esta cláusula establecida como consecuencia de la devolución de sus bienes, que habían estado requisados por el gobierno mexicano por diez años, a sus antiguos dueños, y a la compra de éstos por parte de la International Telephone and Telegraph propiedad de los hermanos Behn, el gobierno mexicano encabezado por Plutarco Elías Calles obligó a esta empresa a establecer un Contrato Colectivo de Trabajo, que en su momento y debido a las condiciones políticas y económicas que prevalecían en el país, estableció beneficios considerables para los trabajadores, por lo que en el primer Contrato Colectivo de Trabajo celebrado entre la Compañía Telefónica y Telegráfica Mexicana y el Sindicato Nacional de Telefonistas, afiliado al Sindicato Mexicano de Electricistas, lograron establecer en el Contrato celebrado en 1926, la cláusula sobre el Fondo de Ahorro.

Aunque no tenemos información sobre el contenido de esta cláusula, podemos darnos una idea de cuáles fueron sus características, ya que en el primer Contrato Colectivo de Trabajo celebrado entre la Empresa de Teléfonos Ericsson y el Sindicato de Obreros y Empleados de dicho empresa, y después de varios paros y huelgas, en 1929 los telefonistas de la Ericsson lograron establecer también en su Contrato Colectivo el artículo sobre el Fondo de Ahorro.

En efecto, después de cinco días de huelga, los telefonistas de la Empresa de Teléfonos Ericsson lograron que la empresa aceptara el establecimiento en su Contrato Colectivo de Trabajo el Capítulo V, referente a “Salarios, Ahorro, Participación de Utilidades y Jubilaciones” que en su artículo 35 la empresa sueca se obligó a establecer un sistema de ahorro en beneficio de sus trabajadores, por lo que la empresa telefónica descontaría del salario de los telefonistas el 5% sobre el salario pagado por la empresa, pagando por este descuento y como premio “para estimular el hábito del ahorro”, el 20% sobre la cantidad ahorrada durante un año.

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Vivir de la requisa

A petición de Oposición una trabajadora telefonista (del Centro de Trabajo San Juan, el más grande de Teléfonos de México) nos relató su vivencia de la huelga de abril de 1980.

“A unas horas de saber la decisión definitiva de la segunda votación respecto a la huelga, había un ambiente tenso, ya que en el Centro de Trabajo San Juan estaban concentrados los empleados de confianza y los esquiroles y la empresa había sido requisada horas antes del estallamiento.

“La huelga se decidió con todo y los esfuerzos del comité ejecutivo por detenerla, razón por la cual se crearon las condiciones favorables para el esquirolaje; gente seguidora del comité pensó que si no se salía quedaba bien con él; los empresistas se prestaron de buena gana para hacerlo y así darle un golpe a nuestro sindicato; también se dio el caso de gente necesitada que vio su tabla económica de salvación y gente desorientada que no encontró apoyo en sus amistades y decidió meterse ver qué pasaba.

“Pero de hecho nos encontrábamos entre la espada y la pared, entre dos fuegos ya que los democráticos jugamos el papel de punta de lanza del movimiento, pero al mismo tiempo somos el punto de apoyo para el engrandecimiento del comité, ya que si algo resulta mal los avanzados tienen la culpa y si algo resulta bien el comité es el único bueno.

“El esquirolaje y la requisa a fuerza a fuerza con granaderos y antes de tiempo, fue un golpe duro para nuestra organización, pero superable y colmado de valiosas experiencias, con las cuales podremos avanzar más. Lástima que el comité no comparta mi opinión, porque si nos permitiera asimilar y poner en práctica esa experiencia, seríamos en estos momentos autosuficientes para enfrentar un movimiento igual, saliendo más que victoriosos; seríamos el puntal de la democracia sindical, ejemplo vivo de la combatividad. Pero debo decir que el comité nunca nos ha permitido buscar la solidaridad de otros sindicatos hermanos, fuera de los dirigentes del SME y del Congreso del Trabajo, que prometen pero no cumplen.

“Dicho sea de paso, si bien esa experiencia nos golpeó fuerte, moral económica y espiritualmente, también nos hizo crecer en conciencia. Gracias a esto fue posible que las filas democráticas crecieran y que muchas de las gentes que conformamos el sindicato de telefonistas pusiéramos los pies en la tierra y cayera la venda que cubría nuestros ojos, de ahí que en ese momento dejó de tenerlas consigo el comité.

“Esa huelga, lejos de ser una derrota, constituyó un camino más claro hacia la democracia sindical, tantas veces buscada por la base telefonista”.

No a la requisa en TELMEX…

Un primero de mayo de combate:

 

OPOSICIÓN, no. 378, domingo 26 de abril de 1981.

 

El gobierno uso nuevamente la amenaza de la requisa para mantener el tope salarial en Teléfonos de México.

Durante todo abril, el Estado, la empresa y sus ideólogos se han encargado de montar una campaña destinada a cercar la insurgencia sindical de los telefonistas. El truco es simple, la empresa difunde que está ofreciendo 29.7 por ciento, lo cual significa no “sujetarse a un tope, sino hacer el máximo esfuerzo económico”; en contrapartida propagan por todos los medios que ahora toca a los telefonistas tomar una decisión responsable.

Ante la opinión pública queda la imagen de que la empresa, a instancias del gobierno, está haciendo un muy loable esfuerzo y que los telefonistas deben abandonar su anarquía irresponsable (idea también propagada desde las huelgas pasadas) y aceptar el ofrecimiento.

Pero la realidad es otra: la bonanza económica de la empresa es impresionante y da holgadamente para satisfacer las demandas de los telefonistas. El ofrecimiento no es otra cosa que la imposición del tope salarial que para el sector paraestatal es el inflexible 29.7% (como lo demuestran las revisiones del SME y AHMSA). Los telefonistas no tienen nada de anarquícos, pero si mucho de combativos en el rescate de mejores condiciones laborales, para contrarrestar 14 años de charrismo entreguista que colaboró para que el auge económico y tecnológico de la empresa se basara en una mayor intensificación de la explotación de la fuerza de trabajo y en uno de los más bajos regímenes salariales del sector paraestatal.

UNA DIRECCIÓN DESORIENTADA.

El Comité Ejecutivo del STRM, lejos de preocuparse por dar respuesta a esa campaña, ha retomado la misma táctica de los últimos tres años; trabajar para impedir el estallamiento de la huelga desmovilizando a la base, acallando la oposición, aislando al sindicato del resto del movimiento sindical.

Esta táctica ha sido de lo más negativa para la organización, ya que la base ha optado por la huelga, pero sin haberse preparado las condiciones mínimas para garantizar el éxito, ya que el Comité se ha encargado previamente de archivar o minimizar los acuerdos de acciones tendientes a la preparación de la huelga. El

resultado es que han alcanzado algunas conquistas parciales, muy por debajo de las posibilidades y el sindicato ha salido cada vez menos fortalecido de las huelgas, al proliferar la desconfianza hacia la organización y darse la desvalorización de la huelga como arma de lucha.

Para esta revisión salarial el Comité, en su afán por detener la huelga, coartó la posibilidad de la discusión colectiva seria; rechazó, sin discutir, alternativas para presionar a la empresa a hacer concesiones complementarias al tope; y llegó al grado de defender el tope con base en un mañoso truco de mezclar varios rubros salariales (fondo de ahorro, infonavit), para dar la idea falsa de que el aumento realmente era de 44 por ciento.

Al cierre de esta edición se estaban llevando a cabo las votaciones para decidir si se acepta el ofrecimiento empresarial o estallaba la huelga. El escrutinio está bajo control absoluto y único del Comité.

Ante esta situación, e independientemente del estallido de la huelga, es vital que la oposición democrática redoble sus esfuerzos por pasar de una labor contestataria a una de forja de una alternativa democrática y clasista para el movimiento

Un escudo de solidaridad para la huelga de telefonistas

Jacinto López.

OPOSICIÓN, domingo 12 de abril de 1981.

La requisa pende como una amenaza sobre los trabajadores telefonistas con la cual el gobierno anula el derecho de huelga, y lo hace con formas intimidatorias, con lujo de fuerza, financiando y promoviendo el esquirolaje. La Ley que permite faculta al Ejecutivo a disponer del personal de la empresa requisada sin su consentimiento, lo cual atenta a la garantía de libertad de trabajo consagrado en el artículo 5 de la Constitución.

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Somos combativos no conformistas

Oposición entrevisto a la compañera telefonista Elena Navarro (nombre ficticio por razones obvias).

El próximo 25 de abril los telefonistas emplazaran a huelga por un aumento del 40 por ciento. ¿Cuánto piensas que la empresa va a ofrecerles?

Elena.- Mira estamos casi seguros que la empresa sólo ofrecerá el 29.7 por ciento pues a los compañeros electricistas fue lo que les dieron, y que yo me acuerde nunca nos han dado más que a los compañeros del SME.

¿Y como ves el ánimo de los compañeros para enfrentarse al tope salarial.

Elena.- Esa pregunta no es nada fácil sobre todo porque hay varios compañeros que opinan que si ni nos dan nada y a lo que no cumplen con las guardias ni los suspenden.

¿Cómo ves la posibilidad de que estallen la huelga?

Elena.- Aunque no nos dieran lo que pedimos a mí sí me gustaría que nos fuéramos a la huelga, porque haces conciencia en los mismos trabajadores. Es una forma de manifestar nuestro al rechazo al aumento que la empresa trata de imponernos y también de manifestarse en contra del Estado.

El Comité Ejecutivo del STRM ha venido planteando la alianza con el Estado.

¿Qué opinan los trabajadores de esto?

Elena.- Mira la gran mayoría de los trabajadores no saben nada de esto, y los que estamos enterados no estamos de acuerdo en aliarnos al Estado, porque es nuestro principal enemigo, impone los topes salariales y decide todo lo que se debe hacer, y si nos aliamos con él estaríamos como dice el dicho; “si no puedes con el enemigo únete a él”, ¡pero hay que ver qué tipo de enemigos!

En la huelga pasada entraron a trabajar 320 esquiroles pero sólo se ha aplicado la cláusula de exclusión a 46. ¿Por qué es esto?

Elena.- Yo pienso que ahí… como te diré, pues que el Comité está comprometido con la empresa. Porque inclusive para quitar a los 46, cuanto se tardaron, casi un año, siendo que debería ser al término de la huelga ¿Por qué se les dio tanto plazo?

¿Qué preparativos ha habido para la revisión salarial?

Elena.- Mira en lo que todos estamos de acuerdo es el repudio total a la requisa, porque con ella ¿Qué caso tiene la huelga? Los de confianza siguen trabajando y

el servicio andando, es una burla. Pero aun así las huelgas las hemos estallado por la decisión mayoritaria de los trabajadores, porque no estamos de acuerdo ni con los topes ni con las raquíticas prestaciones que nos dan; y las hemos estallado a pesar de que el Comité nunca ha querido a que haya huelga siempre dice que nos estamos enfrentando al gobierno, inclusive que no se va a lograr nada. Es un derrotista.

¿Qué salidas le ves tú a la revisión?

Elena.- Pues yo sólo puedo decir que debemos estar unidos y enfocarnos al problema que tenemos encima y demostrar que somos combativos no conformistas.

¿Paraestatal o paraoligárquica?

ANTECEDENTES.

En 1947 se crea a iniciativa del gobierno la empresa Teléfonos de México. Con el fin de lograr la unificación del servicio telefónico y evitar duplicidades en infraestructura, la nueva empresa absorbe a la Compañía de Teléfonos Ericsson y a la Compañía Telefónica Mexicana. Esto no significó su nacionalización.

Para impulsar la expansión de la empresa se recurre al consumidor, creando en 1952, el Impuesto por servicio Telefónico (que actualmente representa el 42% de las tarifas y ya rebasa los 6 mil millones de pesos anuales. Los recursos provenientes de este impuesto los destino el Estado a proporcionarle crédito barato y a comprar acciones de la empresa, para evitar que la deuda ahogara su ritmo de expansión. Este proceso conduce a que en 1972 pase a ser una empresa de participación estatal mayoritaria (51 por ciento de las acciones en manos del Estado, este porcentaje se ha mantenido inamovible desde entonces).También se acuerda darle otro “empujoncito” a la pujante empresa, recurriendo nuevamente al consumidor, al forzar al público a financiar a la empresa con la compra obligada de acciones para la contratación del servicio telefónico. Acciones que el público tiene que revender perdiendo un muy alto porcentaje y que en su mayoría terminan en manos de los principales accionistas privados de TELMEX; Banamex, Comermex, Serfín, Grupo Trouyet… Negocio redondo.

EL BOOM DE TELMEX.

La última década, y en particular en 1980, han representado para TELMEX un incremento impresionante en expansión, en utilización del servicio, en productividad y sobre todo en ganancias. Veamos:

* En la década de los setentas las utilidades brutas de TELMEX, se incrementaron en casi 15 veces, hasta alcanzar la cifra de 5.879 millones de pesos para el ejercicio de 1980, lo cual representa un incremento superior al 35 por ciento con respecto a ´79.

* En cuanto a la productividad, el número de aparatos telefónicos por trabajador era de 85 en 1970; en 1980 se llegó a 177 aparatos por trabajador; es decir, se duplicó. Medida la productividad en términos de número de conferencias de larga distancia por trabajador, tenemos que en 1970 era de solo 3,715; para 1980 se incrementó en un 340%, alcanzando la cifra de 16,323 llamadas por trabajadores.

* En 1970 había 1.5 millones de aparatos telefónicos en el país; en 1980 ya se habían instalado 4.9 millones; es decir, se triplico la capacidad instalada (El teléfono 5 millones fue inaugurado por JLP en días pasados).

EL REVERSO DE LA MONEDA.

Este impresionante auge de TELMEX no se revirtió en mejoras sustanciales en las condiciones laborales, en las prestaciones y los salarios. No pudo ser de otra manera, ya que la expansión de la empresa y sus altas tasas de ganancias descansan principalmente en un régimen salarial de los más bajos del sector paraestatal; en un constante aumento de las tasas de explotación a través de intensificar la explotación de la fuerza de trabajo (especialmente en el departamento de operadoras, donde los ritmos de producción son infernales, hay presión constante y altísima incidencia de enfermedades profesionales no reconocidas); y en que las constantes innovaciones tecnológicas exigen mayores niveles de capacitación y adiestramiento, que no han significado mejores ingresos para los trabajadores.

Es la insurgencia sindical, de 1976 a la fecha, la que empieza a revertir esta situación. Basta decir que se obliga a la empresa a revisar varios convenios que norman las condiciones laborales de los departamentos. La mayoría de ellos tenían más de una década sin revisión y por tanto sin beneficio para los trabajadores.

EL PULPO TELEFÓNICO.

Pero el auge descrito anteriormente sólo es una parte del gran negocio que representa el servicio telefónico.

* En TELMEX, como la mayoría de las paraestatales, el contratismo va viento en popa. La existencia de empresas subsidiarias, en donde trabajan más de 6 mil obreros, lejos de obedecer a las necesidad de una mayor eficiencia administrativa, tiene en realidad un doble fin: obtener mano de obra más barata y esconder ganancias.

* Los principales proveedores de TELMEX (INDETEL, teleindustria, ERICSSON y GTE) obtienen jugosos contratos con la expansión.

Extrañamente, los principales accionistas de TELMEX lo son también de esas trasnacionales. Destacan los casos del grupo financiero Banamex y de la financiera paraestatal NAFINSA.

SI EXISTEN ALTRNATIVAS.

Ante la fusión del capital monopólico estatal y privado en la industria telefónica, no tienen otra alternativa los telefonistas que impulsar un programa de reivindicaciones que siente las bases para la lucha unitaria con el resto del sindicalismo, en especial con los contingentes del sector paraestatal de la

economía. Una de las banderas puntales de este programa debe ser la lucha por la integración del Sindicato Nacional de la Industria Telefónica.